La ola

En Oviedo todo el mundo sabe que en el Naranco hay una cueva. Para encontrarla hay que desafiar el eje espacio tiempo, y sus grutas se pierden y se encuentran hasta que apareces en Granada. Una autopista subterránea sin peajes que conecta Santa María del Naranco con la Alhambra. La victoria contra Amics de Castelló nos dejó un sabor amargo, una sensación de derrota estética agravada por el record negativo de valoración del granadino Manu Rodriguez, para comprender lo que nos estaba pasando nos tiramos al monte en busca de la cueva, después de horas andando bajo la lluvia la encontramos y nos precipitamos en su hondura.

Al salir de la gruta en el barrio del Sacromonte uno tiene la sensación de que la belleza lo inunda y todo es  sueño, sus ríos subterráneos cargados de metales preciosos generan una atmosfera donde la gravedad se altera, los edificios parecen tener los cimientos en el tejado, todo en ella es arte y  patas en la cabeza. Nosotros como Manu Rodriguez nos protegíamos de la belleza con vómitos y temblores, incapaces de disfrutar del éxito pleno.

El viaje de vuelta fue extraño, para nosotros cuestión de  minutos, para el mundo semanas. Mientras compartíamos alucinaciones y desmayos nuestro equipo se ponía líder de la competición y se clasificaba para la Copa por primera vez en su historia. Despertamos junto a  la canasta en medio de una ola que sacudía Pumarín. No podíamos creer lo que estábamos viendo, nuestros sentidos estaban alterados y éramos incapaces de distinguir realidad y sueño, como si el viaje dejara un poso en nuestras conciencias. El equipo se impuso a la lesión de Santana con la irrupción de Meana y el refuerzo de Agusti Sanz, Felipe Don Anjos acumula MVPs, Sonseca puede ser el mejor sexto hombre del campeonato, Victor Perez volvió a beber de la pócima, Salvó la temporada que viene estara en la NASA, los puños de Barro siguen en guardia, la huida de Widler nos trajo al pistolero Jesperson y nuestro jugador favorito sigue siendo Carlos Martinez “el precario”.

Al salir del pabellón después de aplastar a un  rival temido y poderoso como es Burgos,  la calle Palmira Villa era una bahía y en Tocote todo el mundo en Oviedo sabe que hay una playa de arena fina y aguas cristalinas. Los habitantes de esa ciudad que ya no parecía la nuestra se afanaban en construir gradas y barcas para recibir a los jugadores este viernes,  por las calles todo el mundo habla de la  ola y el oceano.

Ni la prorroga de Caceres nos baja del sueño, faltan cuatro días y en la isla ya no duerme nadie, ni las artimañas de los rivales ni la Federación pudieron sacarnos de Pumarín, ahora en Oviedo todo el mundo sabe que hay un pequeño equipo de baloncesto que desafía los limites de lo verdadero y lo falso. Nuestros algoritmos predicen un partido épico con un Manu Rodriguez estelar. Ya estamos preparados para el éxito, el resultado nos da igual.

Viernes desde las 18:00 Final de la Copa Princesa en las ondas libres de Oviedo.

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