El alambique

el alambique

La temporada va poniendo a todos los equipos en su sitio, una cuestión de maduración, que en términos del baloncesto que vivimos tiene bastante que ver con acercarse a la muerte. ¿Cuántos jugadores repetirán el año que viene?, vivimos tiempos de equipos con fecha de caducidad. Las grandes ligas se acercan a la zona Cesarini donde se decide todo, el escenario donde unos se arrugan y otros emergen desde las catacumbas.

Desde este punto de vista nuestro equipo floreció pronto, en Enero mientras los demás plantaban las semillas nosotros bailamos embriagados entre los pétalos de las flores celebrando la Copa. Alargamos su recuerdo lo que pudimos hasta que alguien encontró el antídoto a nuestro juego. Lo llaman maduración de la afinidad, mecanismo por el cual los linfocitos B de nuestros cuerpos afinan su respuesta ante el mismo antígeno, como no hay mayor afinidad que la cuña de la misma madera, fue Guillermo Arenas y su fórmula: corazón más esa zona falsa que tanto nos cuesta atacar, la que vacio nuestros  estambres.

Madurar tiene mucho que ver con  comprender que hay momentos buenos y malos en la vida, si uno quiere vivir y no deambular trata de disfrutar de los unos y no dejarse atrapar por los otros. Está claro que el equipo está vivo en la competición y que tenemos días buenos y días malos y en los partidos momentos buenos y malos. El fin de semana pasado lo pudimos comprobar en la cancha de Coruña, donde rompimos una dinámica que nos tenía atrapados. Por un lado bloqueados en ataque, sin acierto desde la línea de tres, 18%  de acierto en San Sebastian, lejos del nivel de este equipo y lejos de las exigencias de la categoría. Más preocupante todavía nos parecía la falta de tensión en el rebote que nos lastro contra Melilla. Como en los momentos malos siempre aparece algo de luz, nos agarramos al brillo de Mohamed Barro, lo suyo no es cuestión de talento, sigue sufriendo en la línea de tiros libres, lo suyo es cuestión de huevos y estructura, lo que le permite ganar protagonismo en las rotaciones y el respeto de una afición que sabe valorar a aquellos que pasan por encima de sus límites.

Desde que llegamos a esta categoría este es el año de más nivel, los equipos son duros, rocosos, con banquillos poderosos, rotaciones largas y abundan los equipos donde la veteranía y la experiencia juegan un papel clave, Melilla y Coruña son un ejemplo de esto. Podemos ganar o perder con cualquiera de ellos, pero nunca nos deberíamos dejarnos sorprender con el próximo rival en Pumarín, el Marin Peixegalego, último clasificado. El equipo gallego llega con Javier Llorente que jugo con nosotros en EBA a los mandos y un viejo conocido como Andrés Miso. Su posición no hace justicia con la calidad a priori de su plantilla donde destaca Jason Cain.

Ganar para asegurar el factor cacha en el Play-off es el objetivo del equipo, entrar en la siguiente fase donde dejaremos atrás la maduración para entrar en la maceración. Nos tocara extraer todo lo que quede de esencias puras, si queremos subir tendremos que ir más allá, en busca de todo lo que hay de volátil en nosotros, en ese caso Pumarin y su condensación serán nuestro alambique.

Domingo 13:00 en las ondas libres de radioqk

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